Pan de espirulina: Cocinamos con el superalimento mas antiguo del futuro

Con nuestro Pan de Espirulina de hoy te damos la primera de muchas recetas sabrosas para aprovecharse de sus innegables beneficios para la salud.

Aunque la espirulina existe en la Tierra desde hace mas de tres mil quinientos millones de años, no es muy popular entre la población del planeta. Quizá la razón estribe en su peculiar sabor salado. Sin embargo, hemos conseguido adaptar este ingrediente a varias preparaciones culinarias habituales en nuestras cocinas para que disfrutes de este superalimento.




Bernal Díaz del Castillo, recogió por primera vez el uso alimentario de la espirulina en su libro "Historia verdadera de la conquista de Nueva España". Formando parte de la expedición de Hernán Cortés que conquistaría México en el siglo XVI, este soldado relata de forma ágil y sencilla, como los aztecas cosechaban un alga que flotaba en las aguas del Lago Texcoco, secándola y vendiéndola posteriormente en el mercado de Tenochtitlán.

Bernal describe con detalle que los nativos realizaban con ellas unas tortitas que luego acompañaban con maíz o con una mezcla hecha de chiles y tomates. O como directamente con el limo que se formaba en la superficie del lago, se cocinaba un pan cuyo sabor recordaba al queso y que comían con ají, cebollas y frijoles.

Cortés y los suyos se preguntaban cómo una población tan numerosa podía alimentarse en un medio hosco para la agricultura y la ganadería como es la selva: La respuesta estaba en estos microcultivos de alga espirulina.

Los aztecas por supuesto desconocían sus vastas propiedades nutricionales, pero si sabían que los portadores que corrían acarreando el pescado fresco que luego degustaba Moctezuma, sobrevivían comiendo galletas de espirulina en las postas situadas entre los 300 km. que separaban la costa marítima de la capital.

Sin embargo, ese sabor salobre del alga no fue del gusto de los Conquistadores, razón por la que no se incluiría en el recetario español y por ende en el del viejo mundo.

Desechada como alimento por los españoles, no fue hasta el último tercio del siglo XX cuando en una planta de producción de sosa en Méjico, los técnicos de mantenimiento se devanaban los sesos intentando buscar la solución para erradicar una plaga de algas que contaminaba sus tanques de agua salada. 





Tratando de erradicar su proliferación, fortuitamente se redescubrieron las propiedades de este alga y tras realizar múltiples estudios, todos llegaron a la conclusión de que habían encontrado un superalimento que al crecer en condiciones hostiles se vislumbraba como una solución de cultivo fácil y barato en zonas desérticas de hambruna, con una huella ecológica mínima en relación con otras formas de obtención de proteína tanto animal como vegetal. 

Incluso ha llegado a ser barajado como el alimento que podrían consumir los habitantes de las primeras colonias fuera de la Tierra por su gran resistencia, capacidad de generar oxígeno y absorber dióxido de carbono. Tal como eran las condiciones en las que surgieron hace millones de años.

Los resultados de la investigación arrojaron que este microalga contiene proporciones importantes de macro y micronutrientes, muchos de los cuales no pueden ser sintetizados por nuestro organismo y además con una alta biodisponibilidad: Aminoácidos esenciales, hidratos de carbono, minerales, vitaminas... Que le confieren propiedades altamente antioxidantes, antivirales, antihiperglucemiante, protector del buen funcionamiento del tejido nervioso y de las enfermedades cardiovasculares, prevención de anemias, protección del aparato musculo esquelético (principalmente por el elevado aporte en proteínas de alta calidad, calcio y magnesio) disminución del stress premenstrual... Sin colesterol ni grasas saturadas y con un aporte calórico mínimo.




El reto pues, consiste en incluirlo en nuestra cocina adaptandolo a recetas, fáciles y habituales. Y esto justo es lo que vamos a hacer hoy con nuestro Pan de Spirulina. Para ello no tienes mas que pinchar el enlace:  Pan sin amasado del  Capitán Rábano.

La receta, las proporciones y el tiempo de horneado son los mismos, lo único que varía es que de la masa total cuando ya esté fermentada y lista para darle forma, retiraremos un tercio aproximadamente y lo mezclaremos con 5 g. de Spirulina en polvo si lo que queremos hacer es un pan amarmolado o 10 si queremos un pan verde con sabor mas intenso.

La fracción de masa verde la enrollaremos con la masa de pan blanco y obtendremos el pan bicolor.

Por su regusto a mar es ideal para hacer tostas de salmón y bacalao ahumados, mojamas o huevas de pescado combinadas con pimientos y cebollas asados con unas gotas de limón, jengibre, chipotle, wasabi...

Hasta pronto: Salud y kilómetros!
 

Carmen Rodriguez

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

2 comentarios:

  1. Pues ya conocíamos la espirulina, pero no había imaginado usarla en la masa del pan. Desde luego, la probaremos, ya que solemos hacer pan todas las semanas, como debe ser. Y gracias a tu trabajo, la variedad está garantizada.
    Salud.

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  2. Muchas gracias Franeto! Pronto haré otras recetas añadiendo espirulina, a ver si os gustan también. Salud!!

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