Vinos Valtuille [En las entrañas del Bierzo]

Tenemos especial cariño a las tierras bercianas y sus productos, como el buen vino que se elabora en Bodegas Valtuille. Recordemos la cita de Antonio Machado que preside la web de las bodegas: "Sabemos que no es patria el suelo que se pisa, sino el suelo que se labra".




Atravesábamos las angostas calles del pueblo mientras un viejo labrador, indiferente ante nuestro paso y tumbado a la sombra de aquel lunes, nos seguía con la mirada. Simplemente esperaba que llegara el martes, así es Valtuille. Pura vida. 

Cruzamos un desvencijado puente, subimos una loma y, finalmente, llegamos a Vinos Valtuille. En la entrada a la bodega, un destartalado Nissan Patrol y la sonrisa sincera de Elena, propietaria de la bodega y alma mater de este gran proyecto junto con su hermano Marcos, esperaban nuestra llegada.

Es una bodega humilde y familiar” nos advirtió Elena cuando cruzábamos la puerta. “¿Y a mi qué?”, pensaba yo para mis adentros. Yo lo que quiero es ver argumentos de buen vino: tierra, cepas, podas, sinceridad, conocimiento, elaboración, complejidad, buen hacer… No quiero arquitectura, quiero vino de verdad.

La visita a la bodega la empezamos por el final, con una pequeña cata del Godello 100% que elaboran. Un vino limpio, complejo, fresco y frutal con un toque de especial maduración muy propio del microclima del Bierzo. “Si os parece cogemos las copas y nos tomamos el vino en el viñedo”. ¡Perfecto!.







Aquella mañana del mes de abril, con sol de mayo sobre nuestras cabezas, hubiera resultado infernal de no ser por la brisa fresca que subía y bajaba por las colinas camino de ninguna parte. Es la zona de Valtuille de Abajo (una pedanía de Villafranca del Bierzo), una pequeña isla dentro del ya pequeño archipiélago que es el Bierzo. ¿Por qué? Pues porque el Bierzo se encuentra rodeado 360 grados por montañas que protegen los viñedos (de la humedad gallega y de los extremos continentales castellanos) y Valtuille se encuentra, a su vez, rodeado de un segundo anillo de colinas más bajas que miman aún más el terreno: le dan todo el sol que necesita, agua la justa y lo refrescan con brisa suave.

Nuestros amigos tienen el viñedo (todo octogenarias cepas de Mencía, tipicidad local a quemarropa) repartido en 24 pequeños pagos, cada cual con altitud, suelos y orientación diferente. Marcos, una vida entera recorriéndolos, los conoce como la palma de su mano y cada cual se recoge cuando toca. Ni antes ni después. Durante el año, sucesivas podas en verde aseguran que cada cepa da lo mejor de sí misma concentrado en 12 racimos, ni 13 ni 11.


Ni que decir tiene que toda la vendimia es manual y se hace una mimada selección manual en la bodega antes de que los racimos caigan en la despalilladora y después por gravedad, gracias al desnivel del terreno, en los tanques de fermentación. Ahí lo primero de todo es bajar la temperatura a las uvas (el septiembre berciano es caluroso) para controlar en todo momento la fermentación.

Tuvimos la oportunidad de catar vino de la cosecha pasada que reposa en uno de los tanques de fermentación… y wow! El vino está hecho; es un vino perfectamente limpio sin ser filtrado (sólo decantación por gravedad), de capa profunda, de infinitos matices, de frutas maduras, untuoso en boca, con acidez equilibrada y largo recuerdo en retronasal. Me tomaría otra copa ahora. Este vino aún mejorará en botella, ojo con él.


Unos metros más al fondo, catamos una muestra de barrica (sólo tienen roble francés) y a todo lo anterior sumamos más carácter, tostados, especias, balsámicos… Con todo esto rondando mi boca y mi cerebro, Elena nos contaba cómo, hasta hace pocos años, la bodega vendía su producción a una cooperativa y que su hermano y ella decidieron dar un golpe de timón a la bodega y apostar por su propia producción. Todo muy bonito con una copa en la mano si estás de paso, pero una odisea de titanes para el día a día de Elena y Marcos, quienes pelean por hacerse un hueco en el atrabiliario mercado español y ya asoman el hocico con orgullo por varios países del mundo.

Un tal Parker le dio a su joven 91 puntos hace poco. Y el viejo labrador de enfrente como si tal, miró el júbilo y siguió descansando a la sombra, soñando con comida y esperando el miércoles.


Andrés Vegas

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

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