Restaurante Fismuler [Moderno de toda la vida]

Fismuler es un restaurante de éxito. Tiene argumentos, una estética impactante y una buena cocina. Al final sus razones están mucho más basados en la tradición de lo que parece a primera vista.

Por Capitán Rábano.







Ficha resumen:


  • Dónde: Calle Sagasta 29; 28004 Madrid.
  • CuándoLunes a jueves de 13:30 a 16:00 y de 20:30 a 23:30 Viernes y sábados, cenas de 20:30 a 00:30
  • Con quién: Preferiblemente amigos curiosones que no protesten por compartir mesa y no se escandalicen ante la visión de los aseos. También es ideal para ir con tu suegra conservadora (de mantel de hilo y cubertería de plata) y provocarla el ictus definitivo
  • Qué comer: Prueba de todo, pero que no se escapen las alcachofas y las lentejas con pato estofado.
  • Qué beber: Vinos por copas, o jarras con amigos. Las botellas salen caras.
  • web: http://fismuler.es/
Puntuación:
  • Decoración / ambiente: 8
  • Carta: 7
  • Carta de vinos: 6
  • Cocina: 8
  • Servicio: 9
  • Precio: 6
  • Experiencia: 7,5
Nota final: 7,33




Desde luego, no a todos les ha ido mal en el negocio hostelero en la travesía de la crisis en Madrid y de entre ellos, destaca el grupo La Ancha o, lo que viene a ser, los restaurantes liderados por el Chef Nino Redruello, que ha visto como su propuesta de moderna tortillería (las torillas de Gabino) dio el salto a una propuesta más amplia y moderna en su Gabinoteca, que ha sido un triunfo y de ahí a asesorar en Tatel y finalmente a ponerse al frente de Fismuler asociado a Patxi Zumárraga.





El local:

Hablar de Fismuler es hablar de su local.

Amplio (mucho), decorado con materias simples en un entorno post industrial apocalíptico o algo así... Si hubieras decorado de forma semejante un restaurante hace 20 o 30 años se habrían reído de ti, pero se ha venido imponiendo en referencias decorativas de espacios gastronómicos por medio mundo, desde el Meatpacking de Nueva York a media Europa.



Mesas de madera vista, irregular y envejecida, metal, paredes bastamente enyesadas, suelos irregulares, lavabos minimalistas de aspecto de gasolinera en peli de terror y escasa luz natural (esto no forma parte de la decoración, es la simple consecuencia de ocupar un espacio en un semisótano).





Y seguimos... mesas sin mantel (al menos las servilletas no son de papel), asientos corridos sin respaldo, mesas compartidas (otra vez las mesas), roperos al aire que son simples barras entre paredes...

Todo parece estar pensado para que te quedes poco tiempo, para que comas rápido y te vayas... pero, no es así.



Resulta que, al final, el ambiente en penumbras, las mesas de madera combinados con un excelente servicio, una buena cocina y otros factores más subjetivos, hacen que te quedes. Esto es algo que los daneses conocen bien. Digamos que Fismuler es un restaurante bastante clásico en su cocina y moderno en su decoración, aunque solo aquí, al fin y al cabo en Copenhague hay 100 restaurantes parecidos que buscan Hygge.

La carta:

Interesante, más en los entrantes que en los platos principales. Un poco corta y con buena rotación (parece que es el estilo actual), habrá que ver que platos, con el tiempo, se convierten en clásicos de este lugar.

La carta de vinos:

Normalmente reclamo que los restaurantes salgan del camino trillado y que, además, apuesten por el producto de proximidad (si lo hubiera) y por productos diferentes. Pero he tenido un problema con la carta de vinos de Fismuler, me ha parecido demasiado original. Vale, no soy Peñín, pero es que apenas conocía un par de referencias de una carta no de por sí muy grande, pero vamos... es que la mayoría no me sonaban de nada y los precios eran elevados, por lo que no incitan al experimento.

Una sola referencia de vino rosado, una carta sin ninguna explicación (¿uva, peculiaridades, cata...?, no sé, algo que pueda orientar un poco al cliente en una complicada elección habida cuenta de lo poco habitual de las referencias y del coste de adquisición.

Eso sí, a destacar la "carta de jarras", para dos o más personas, una interesante opción para los que van a comer o cenar con amigos compartiendo "al centro".

La cocina:

De notable.

Destacamos esas alcachofas con angulas de monte y unos berberechos en un perfecto punto de cocción.



El bacalao fresco con emulsión (que no pil-pil clásico) de lima kaffir. Elegante, aromático y ligero.



Las lentejas con el pato estofado, un plato de referencias galas es un plato abrumador, intenso, con presencia y de los que sacian. Muy recomendable.



Terminamos con una tarta de queso muy poco dulce y solo apta para amantes de quesos y texturas de Camembert y un café servido de una forma muy particular.



Por cierto, tienen licores de elaboración propia, muy recomendable el Limoncello.

Conclusión:

No te dejes engañar por su estética urbana y moderna de aires escandinavos, finalmente la cocina es clásica, el servicio es fantástico y creo que ha venido para quedarse.

Eso sí, no es oro todo lo que reluce, habrá quien no esté dispuesto a pasar por el trance de compartir mesa o que diga, con razón, que la iluminación es deficiente.

Creo que es un local recomendable para vivir una experiencia diferente, un sitio de moda sin las ínfulas ni el vacío conceptual de otros. Aquí la gente viene a comer, no a ver y que le vean.





Capitán Rábano

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

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