Comer en un crucero y sobrevivir

Más que una forma de viajar en un hotel de cinco estrellas flotante, un crucero debería considerarse una exaltación del pecado de la gula, una maratón de comida para la que hay que estar entrenado. 

Por Carmen Rodríguez.

Constituye un reto para el individuo que no quiera engordar  ante una constante tentación en forma de bufé, restaurantes, barra libre y degustaciones gratuitas de paella y pasta. Pudiéndose afirmar que más del 50% de las diversiones disponibles en el barco están relacionadas con la comida y el tanto por ciento restante se distribuye entre servicios de spa, gimnasio, sauna, actuaciones musicales variadas, concursos imposibles, casino, compras y excursiones en las ciudades que se visitan.


El pantagruélico banquete comienza bien temprano: 6:30 AM. El diario de a bordo lo bautiza como "El café matutino de los madrugadores" (así reza, no me lo invento). Con ese nombre, una, espera encontrarse un café cortado y unas pastas. Pero no, resulta que es un bufé libre en toda regla, que se extiende hasta las 11 AM y que va cambiando de nombre según van pasando las horas. Hasta las 10: "Desayuno Italiano". Hasta las 11: "Desayuno para los amantes del reposo" (insisto,el nombre es  real).

La cola del bufé: Algo para recordar.

¿Y qué podemos encontrar? Lo primero una cola comparable con un atasco de la M30 un martes a las 8 de la mañana lloviendo. La hora punta de los cruceros suele ser 45 minutos antes de las excursiones. Hay que armarse de paciencia y no dejarse llevar por el azogue propio del crucerista novato porque ni vas a tardar mucho en llegar a las bandejas, ni te vas a quedar sin comida, si hay algo que sobra en un crucero es eso: Comida. Panes de diferentes clases, ensaladas (¿Pero quién desayuna ensalada?), fruta variada, quesos, embutidos, cereales surtidos, también light al igual que los yogures (una ironía), pasteles, tartas y bizcochos caseros. Incluyendose a veces alimentos propios de los países que se visitan, en nuestro caso, salmón.

La espera es un buen momento para observar los usos y costumbres internacionales: Los alemanes desayunan con cerveza, panes negros y arenques, pepinillos y embutidos. Los ingleses se decantan por la grasienta "Omelette Station" y vuelven  cargados con huevos fritos, salchichas y patatas amén de bollitos variados. Los españoles comemos de todo pero con prudencia, dejandonos arrastrar por el  espítitu del todo incluido, relajándonos con la comida porque estamos de vacaciones. La palma se la llevan los italianos: monopolizan los platos, moviéndose entre el personal ruidosamente, saltándose el turno. Los rusos llegan a presentarse vestidos sólo con un albornoz entreabierto, directamente  llegados del spa, en chanclas, pasando del "dress code" que el decoro y la prudencia obligan, para espanto y admiración a partes iguales del resto de los comensales. Pacientes e implacables como una plaga de langostas, van llenando la mesa en varias tandas con platos hasta arriba y como bien saben los camareros: Los rusos nunca beben agua...

Un pozo sin fondo

Y es que se nos va de las manos, sobre todo los días de navegación en los que no se toca tierra. Todo está diseñado para que el viajero no se aburra y por eso se cierra el desayuno y a la media hora cuando se anuncia por megafonía que en el puente nueve comienza la Fiesta de la pasta, ves que el señor de tu izquierda que estaba leyendo tranquilamente en una tumbona se levanta como movido por un resorte y se dirige diligentemente hacia los mostradores que el personal del barco ha montado en un abrir y cerrar de ojos (y sí, es el mismo que estaba delante de tí en el desayuno comiendo a dos carrillos) y se pone a degustar unos tagliatelle a ritmo de música pop-italiana noventera con caída de confetti incluido.

Así se empalma con el almuerzo, que comienza a las 12:00 AM y claro, ya que es un crucero, si cruzas a proa porque vienes del jacuzzi de popa lo haces por el comedor, que casualmente  es el camino más corto (a ver que se cuece hoy) y te coges un aperitivo o directamente te sientas en la mesa, no vaya a ser que luego no haya sitio cerca de las bandejas y haya que caminar tres pasos de más... y llegamos a las 16:00 PM cuando se cierra "Il Pranzo" pero, se abre ¡¡La Merienda!! con un surtido de pizzas, bocadillos y dulces variados.

Café Neve fondente y Onda al cioccolato

Decoración marinera: Mármol, brillo y luces de colores.

Viaje con nosotros si quiere gozar

Además del bufé se puede almorzar y cenar en restaurante. Si bien en la primera opción la oferta es abundante, variada y siempre correcta pero con altibajos en calidad y ejecución (el café en todas sus versiones estaba siempre a la altura de un crucero de manufactura italiana) en la segunda es francamente alta con platos elaborados y novedosos, llegando al culmen en la cena de gala.

Impresiona como se puede hacer un servicio para  más de mil personas en un solo turno y que la pasta (Linguine con frutos del mar) sea fresca, servida en su punto de cocción y caliente. O que un risotto de fresas y champagne llegue cremoso, ni seco, ni pasado.

Buenos e infatigables  profesionales los de esa cocina sin duda, que después de dar una cena de cuatro platos  suben a cubierta para hacer en unos minutos unas asombrosas esculturas de hielo o unos increibles centros de frutas talladas para regocijo del pasaje.

Salmones rampantes entre frutas exóticas.





Balance positivo 

El sentido común, las digestiones pesadas y el botón del pantalón obligan a ser selectivo y a tomarse tiempo antes de servirse montañas de comida.

Abandonar el uso indiscriminado del ascensor, visitar el gym con más frecuencia y evitar el paso por el bufé libre también ayudan a volver a casa sin tener que ir  a renovar el vestuario directamente.

Al final, la experiencia del crucero resulta gratificante, te lleva a un mundo irreal de desconexión de la rutina (no Wifi, no datos) que hace crecer el deseo de repetir pronto porque sólo tienes que dedicarte a disfrutar No hay tiempo para la preocupación y esa sensación no es fácil de conseguir.

Asi que si eres capaz de asumir la parte "fiesta-chunda,chunda-pelín hortera" déjate llevar... sube los brazos al ritmo de la música como cualquier señora rusa pasada de kilos, años, copas y brillibrilli y disfruta.

Comer, comerás bien.




Hasta pronto: Salud y millas naúticas!


Carmen Rodriguez

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

2 comentarios:

  1. Qué locura! A ver si me puedo apuntar en alguno pronto.

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  2. Yo iba reticente y ya me he hecho con una hucha que en cuanto llene (pasarán años)va destinada al próximo.Te lo recomiendo vivamente. Me encantó la experiencia.

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