En un mini Market de productos de Europa del Este [Curioseando]

Calle Méndez Álvaro 8.
Madrid.


Bien saben los emigrados y todo el que ha pasado un tiempo significativo fuera de su tierra (y no digamos lejos de las croquetas de mamá) que cuando vives fuera, una de las cosas que más echas de menos es la comida con la que estás familiarizado.

Y no hablo sólo de sabores.


Hay algo cultural, aprendido... algo que te hace añorar aquellas lentejas que cuando vivías en Madrid comías solo de año en año. Es el apego, la memoria gustativa y la posibilidad de llevarte al paladar algo que te recuerde tu origen.

En el mundo actual es más sencillo que nunca disfrutar de productos lejanos, ¡incluso perecederos!, en mercados y a disposición del público. Nuestras ciudades nunca fueron tan heterogéneas, nunca hubo tantas lenguas y tanta diversidad gastronómica paseando por nuestras calles. Y eso es muy atractivo para alguien con curiosidad.

Puede que ciudades como Madrid o Barcelona, en razón a su tamaño, congreguen la mayoría de los comercios que ponen a disposición de su población productos antes imposibles, pero es también posible adquirir muchos de ellos on-line, así que, ¿por qué no probar?.

En el mercado de los Mostenses de Madrid puedes vivir una experiencia gastronómica desconcertante al poder recorrer muchos puestos en los que no verás productos locales, en los que podrás comprar okra o... vete tú a saber qué... porque tendrás que preguntar para tener una idea, solo aproximada, de que carajo es esa hortaliza de colores imposibles que tienes frente a tí.

Y luego están los mini markets. Esos espacios en los que, como es este caso, se aglutina una oferta común a muchos países del este de Europa y que son toda una experiencia visitar.

No hablo solo de comida y bebida. También hay prensa o productos de higiene, pero en fin, centrémonos en la alimentación.

Me dice un buen amigo (nuestro Tío de la Copa), que es asiduo visitante de los países eslavos, que los rusos son un pueblo muy homegéneo en el que apenas varía el acento de la gente a pesar de que les separen asombrosas distancias y en el que hay una enorme uniformidad en cuanto a gustos y aficiones (¿herencia de siglos de comportamientos impuestos?) y entonces es posible que en esta tienda en concreto, inmejorablemente situada apenas a unos metros de la estación de Atocha, y a pesar de colocar una bandera de Ucrania, reciba a un conjunto de clientes de Rusia, Bielorrusia, Estonia, Letonia, Polonia, etc... y, sí a gente curiosa como yo mismo.

¿Y qué puedes encontrar interesante allí?, pues para empezar Kvas y después un montón de artículos que no puedo decirte lo que son porque están etiquetados en alfabeto cirílico, aunque si estuvieran en latino tampoco tengo muy claro que supiera que son.



Verás un montón de embutidos de diversas formas y que según mi amigo, reciben el nombre genérico de "salchichas", aunque sean parecidas a la mortadela o a la butiffarra. 



Verás arenques de diversas formas, ahumados, en salazón, en vinagre, etc. Por cierto, hay un mundo de encurtidos.

También podrás comprar crema agria y eneldo por toneladas.




La sección de los quesos es un mundo aparte. Desde frescos a ahumados y con las formas más desconcertantes.



En fin, que te propongo que te des una vuelta, compres algo y nos cuentes tu experiencia.

Y tu, ¿compras productos de tierras lejanas en tiendas especializadas?, ¿has descubierto algún ingrediente maravilloso en una tienda uzbeka?.

PD: Por lo que más queráis, si alguien encuentra una tienda en la que vendan yogur turco, ¡qué me avise!.


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Capitán Rábano

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

2 comentarios:

  1. Pues mira que no me ha dado a mi por entrar en una tienda de los paises del este. Y eso que, aunque parezca mentira en Huelva hay bastantes (aquí en los pueblos cercanos (Palos y Moguer sobre todo) los temporeros de las fresas son en su mayoría trabajadores de Este que se contrataron en origen y que con el tiempo han ido quedándose a vivir aquí casándose con los solteros/as del pueblo)
    Si frecuento una tienda asiática que hay frente al mercado, donde cada vez que entro me lo quiero llevar todo.
    Por cierto, desde que descubrí la Okra en una serie de reportajes gastronómicos de Nueva Orleans, me muero por probarla.

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