Peligros en la cocina: Productos tóxicos y peligrosos

La cocina y alrededores y en general nuestros domicilios, son pequeños almacenes de productos químicos más o menos peligrosos para nuestra salud.

Es conveniente que sigamos unas pocas pautas de seguridad y para ello hay que estar mínimamente informado de una serie de cuestiones. Por ejemplo:

  • ¿Somos conscientes de la verdadera peligrosidad de los productos que utilizamos?.
  • ¿Sabemos interpretar la información del etiquetado de estos productos?.
  • ¿Qué prácticas seguras podemos seguir?.



Intentaremos hacer un breve recorrido por estas cuestiones sin ser demasiado aburridos.

¿Somos conscientes de la verdadera peligrosidad de los productos que utilizamos?

Seamos honestos, la mayoría de nosotros cuando adquirimos un desengrasante, un limpiahornos, un detergente, etc, no prestamos demasiada atención a la información contenida en su etiqueta ni somos muy conscientes de cuan peligrosos pueden llegar a ser.

Así al menos lo atestiguan las estadísticas de la UE, dónde figuramos en una de las últimas posiciones en cuanto a información-formación de este tipo, así y cito el blog “Uso seguro de productos químicos” de Mª José Ramos:

Respecto a los productos de limpieza sólo un 16% de los encuestados españoles reconoce que lee las instrucciones “la mayor parte de las veces” antes de usar el producto, mientras que el 43% del total de los encuestados afirman hacerlo “siempre” (de lo que se deduce que el 41% no lo hace nunca). (…)


En cuanto a la calidad de información recibida respecto a estos productos, la mayoría de los consumidores europeos se sienten moderadamente informados en cuanto a los riesgos potenciales asociados a su uso. Por el contrario, los ciudadanos españoles, se encuentran “escasamente” informados respectos a:
  • Detergentes
  • Otros productos de limpieza
  • Pesticidas e insecticidas
  • Productos de bricolaje  y material de construcción
  • Productos de jardinería
Por todo ello, una vez más nos encontramos con que en nuestro país carecemos de una cultura de seguridad respecto a informar a los consumidores del uso seguro de los productos que utilizan en las tareas domésticas y cotidianas, lo que incrementa el riesgo de un uso inadecuado con las consiguientes consecuencias negativas para nuestra salud y el medio ambiente.

Este último párrafo me encanta, los que rondamos los 40 (un pelín por arriba) podemos recordar que cuando éramos niños los “tambores” de detergente de una conocida marca, regalaban Kalkitos y el regalo estaba… ¡dentro!, enterrado entre el detergente y cuando este llegaba a casa los niños nos lanzábamos a por ellos y metíamos nuestras manos en el detergente. Afortunadamente eso ahora es impensable.

Vamos a ver si podemos colaborar en la difusión de esta información.

¿Sabemos interpretar la información del etiquetado de estos productos?.


En las etiquetas de los productos químicos figura una información escrita y otra gráfica contenida en imágenes que se denominan pictogramas, pero, ¿qué significan?, pues ahí van algunos ejemplos:




Ahora bien, jejeje…aquí viene el pequeño problema, porque resulta que estos pictogramas están desapareciendo por obra y gracia de una nueva normativa europea que pretende armonizar una legislación un pelín dispersa en esta materia y se han creado unos nuevos pictogramas:


Pero ¿por qué hay dos tipos de pictogramas?, pues por la disparidad de fechas de aplicación, me explico:
  • A partir del 1 de diciembre de 2010, las empresas deben clasificar, etiquetar y envasar todas las sustancias químicas puestas en el mercado con el nuevo sistema.
  • Desde el 1 de junio del 2015, las empresas deben clasificar, etiquetar y envasar todas las mezclas, conocidas antes como preparados.

Es decir, que debemos, al menos hasta el 1 de junio de 2015, saber interpretar ambos pictogramas, pero, ¿Cuál es su equivalencia?


Algunas prácticas seguras.

En primer lugar, leer este artículo (y luego reenviarlo a todos vuestros amigos, jejeje) para estar bien informado.

En segundo lugar, seguir unos mínimos consejos:


  • No adquirir más productos de los que necesitamos: Por muy atractiva que pueda ser la oferta de lejía que nos encontremos en el super, no hay que adquirir 500 botellas. Hay que procurar reducir el stock al mínimo indispensable.
  • Evitar trasvasar productos: No se os ocurra trasvasar lejía o amoniaco o cualquier otra cosa a una botella vacía de agua mineral, creo que todos podemos comprender lo peligroso que puede ser dejar esa botella por la casa.
  • Mantener cerradas las botellas y recipientes en general.
  • No almacenéis productos químicos en lugares altos. Existe una curiosa propensión a guardar el producto más corrosivo en un altillo, a ver si hay “suerte” y cuando lo vamos a usar se nos cae en la cara o directamente se produce un vertido y va empapando las repisas que hay a niveles inferiores, justo donde guardamos la harina o el azúcar y luego hacemos magdalenas de salfumán.
  • Agrupar productos por peligrosidad y mantenerlos en armarios o lugares cerrados dónde, por ejemplo, los niños no tengan acceso. Respecto a esto, ¿cómo los agrupamos?, a ver si esto os ayuda:


Donde:


+ Pueden almacenarse juntos.
0 Pueden, adoptando ciertas precauciones.
- No deben almacenarse juntos.


En fin, espero no haber sido muy aburrido y que este “ladrillo” os pueda ser de utilidad.

Capitán Rábano

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

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