Irlanda (V) Islas de Arán y Connemara

Amanecimos descansados, realmente era un buen B&B. Ducha y a desayunar.

En ese momento tuvimos una muy agradable sorpresa, el calvo no sólo era más simpático que la de los rulos de Cork, sino que nos ofreció una carta para el desayuno. Yo me decanté por unos huevos revueltos y salmón ahumado. Es triste que en Irlanda, en otro tiempo isla llena de rios salmoneros, ahora casi no existen y el salmón o es de piscifactoria o directamente importado.

Después de ese maravilloso desayuno nos dirijimos al centro de Galway a buscar la oficina de turismo, queríamos ir a las Islas de Arán y para ello nos dijeron que había que ir a un lugar llamado Rossaveal (ojo, este lugar aparece con varios nombres y en nuestro GPS, no aparecía así, sino con un nombre irlandés). La cuestión es que en el trayecto en coche se tarda unos 40 minutos y nos quedaban poco más de 45, pero estábamos a al menos 10 minutos andando del coche.... ¡en fin!, salimos corriendo, nos subimos al coche a la carrera y me dispuse a morir infartado.

Bien, había que hacer un trayecto de 40 minutos en 35, conduciendo al revés, lloviendo... ya os he contado estas sensaciones, pero este día fue un poco más tenso. A medida que recorríamos kilómetros, parecíamos cada vez más cerca, parecía posible alcanzar la meta, pero la carretera era... ¿espantosa? y conducir superando los límites de velocidad (por cierto, mucho más altos que en España en vías similares) me ponía un poco nervioso.

Al final lo conseguimos, llegamos al embarcadero con un par de minutos de adelanto y vimos el barco, pero había un problema, allí no se podía aparcar, ¡el aparcamiento está más o menos a un kilómetro de allí!. Aparqué, quiero decir, arrojé el coche y salimos corriendo hacia el barco. El consuelo era que no fuimos los únicos, resultaba divertido ver a un montón de gente a la carrera hacia el barco. Afortunadamente la puntualidad en los medios de transporte no es el fuerte de Irlanda, así que después de conseguir llegar resoplando y sudando, ¡salimos 15 minutos después!.

Las islas de Arán son famosas por variados y múltiples motivos. Dicen que es el lugar de Irlanda dónde mejor se ha conservado la esencia ancestral, pues en la práctica nunca fueron colonizadas. La población ha mantenido la tradición del idioma, en la ropa o en carácter.

El suelo en Inishmore





Se trata de un lugar muy lejos de ser paradisíaco, son unos trozos de roca azotados por los vientos inclementes, con un suelo esteril y unos acantilados que suponen un muro inconquistable.



Una vez en la isla principal, Inishmore, que cuenta con una pequeña población estable y vive del turismo, contratamos a un guía local, que en una furgoneta nos dió una vuelta por la isla. El individuo era sorprendente, era un indígena con un acento increible, pero que era, más o menos, capaz de hacerse entender por españoles, italianos, franceses, rusos...


Acantilados de Inishmore


Fuimos a conocer las ruinas de una fortaleza de la edad del hierro que nos dejó absolutamente perplejos Dún Aengus. Nunca en toda mi vida he estado en un lugar semejante. Un mundo de piedra en un paraje inóspito, al borde de un acantilado azotado por los vientos salvajes. Os recuerdo que era el mes de Julio, sin embargo hacía muchísimo frío, llevábamos forros polares, impermeables, botas...

Dún Aengus




Creo que las fotos lo dicen todo. ¿Qué os parecen?.

Después de la visita y tras zamparnos las consabidas patatas fritas, recorrimos las ruinas de antiguos y minúsculos monasterios, comprobamos lo dificil que ha sido allí la vida, en un lugar en el que para conseguir suelo fertil, primero depositaban guano y lo mezclaban con algas, la descomposición conseguía fijar algo el suelo con alguna posibilidad de que allí creciera alguna patata despistada que para protejerla había que rodear con un muro de piedra.




En las playas del lado opuesto a los acantilados podéis disfrutar del espectáculo de ver focas retozar en las rocas. Recuerdo como una sevillana que iba con nosotros en el autobús le exigió, con mucha gracia, al guía que parase para disfrutar de las vistas, ¡que ya había visto bastantes tumbas!.



Bien, tras la impresionante experiencia de la visita a las islas, había que hacer algo para rellenar la tarde y lo teníamos fácil. Muy cerca de allí se encuentra la región de Connemara. Para algunos es famosa porque allí se rodó "Un hombre tranquilo", sin embargo, en la memoria irlandesa, el nombre de Connemara está ligado a un pasado mucho más triste. Es una región extremadamente pobre donde la supervivencia es realmente difícil. Eso sí el paisaje es de una belleza increible.



Cuentan que cuando Cromwell conquistó Irlanda a sangre y fuego desposeyó a los nativos de sus tierras y les desplazó forzosamente al grito de "A Connemara o al infierno".

En cierto modo, Connemara ya era un infierno.

No teníamos mucho tiempo (como siempre), por lo que simplemente quisimos conducir por la zona y disfrutar de sus paisajes de turba, casi despoblados, en los que te encuentras en medio de una carretar a ovejas del color de la Guinness a las que han pintado de rosa o de verde para que sean visibles.


Los lados de las carreteras están vallados para evitar la tentación de que pasees por la zona, pues la tierra es una turbera pantanosa realmente muy peligrosa.

Valles glaciares inundados por lagos de aguas negras, montañas peladas, pequeños y dispersos pueblos de blancas casas. Así es Connemara.

No tengo ni idea de como pudieron rodar "El hombre tranquilo", debieron aprovechar los cuatro días de sol que debe haber.

Se hacía tarde, pero queríamos visitar la abadía de Kylemore, un lugar increiblemente hermoso que a día de hoy ocupa un colegio religioso femenino. La verdad es que cuando ves el lugar te das cuenta de la cantidad de tiempo que uno puede dedicar al estudio en un lugar así.


De vuelta a Galway volvimos a recorrer las animadas calles de la ciudad, había aún más gente que el día anterior y nos dedicamos a disfrutar de la esencia del lugar, nos tomamos un par de Guinness y volvimos a disfrutar de una maravillosa cena en Ard Bia. De vuelta y antes de volver al B&B paramos en un pub a disfrutar un poco de un estupendo concierto.

Capitán Rábano

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

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