Irlanda (II): De Dublín a Cork

¿Habéis conducido alguna vez por la izquierda?, me refiero a si habéis conducido alguna vez un coche con el volante a la derecha en algún país en el que se conduce por la izquierda. Y no hablemos de las carreteras irlandesas...


Yo no lo había hecho nunca, pero me lancé al ruedo. Habíamos decidido alquilar un coche para que nos sirviera como medio de transporte en nuestra vuelta a Irlanda, así que nos presentamos en la oficina de alquiler de Dublín, dónde una mujer que hablaba algún idioma incomprensible (parecía entender, leer y hasta escribir en inglés, pero juro que lo que hablaba era otra cosa, porque no conseguí entender una sola palabra) me entregó las llaves de un Opel Astra y un papel dónde figuraba la dirección de la oficina de Belfast en la que debería hacer entrega del vehículo unos cuantos días después, un dibujo representando dónde debía figurar la aguja que indica el nivel de combustible (oséa, hasta arriba) y toda una colección de amenazas hacia mi persona, mi alma y mi descendencia en caso de provocarle el más mínimo arañazo.

Conduciendo por Irlanda


Allí estábamos y concretamente allí estaba yo, dentro de un coche con el volante a la derecha, el codo derecho colocado sobre el marco inferior de la ventanilla sin saber muy bien que hacer con él. El izquierdo sobre la palanca de cambios a una distancia imposible hasta la ventanilla de ese lado y con la sensación de que iba a ser incapaz de acertar con el cambio. En fin, con una cierta sensación de angustia.

¡Y encima llovía!, cosa que por otro lado es muy común en Irlanda, pero aunque no os lo creáis, no se me había ocurrido que me podía pasar.

En fin, ¡adelante!. Salí con decisión del parking, giré a la izrquierda para buscar una gasolinera y.... ¡primer bordillazo!, no había avanzado ni 30 metros y ya me había subido a una acera porque no controlaba la distancia con el lado izquierdo.

Solventados los primeros momentos, iniciamos la marcha por carretera hacia Cork, la segunda ciudad más importante de la República de Irlanda. Eso era un alivio, porque al menos significaba que mientras me familiarizaba con el coche conduciría por una autovía.


Una pinta de Smithwick's


Más o menos a mitad de camino llegamos a Kilkenny, una preciosa y colorista ciudad de estilo medieval donde hicimos una parada para estirar las piernas. Esta ciudad es conocida por el castillo que domina el centro de la ciudad y por ser dónde se fabrica la famosa cerveza Smithwick's del tipo red ale. Ojo con esto, se trata de una de las mejores y más típicas cervezas irlandesas, suave y deliciosa. Por alguna razón que desconozco, en la mayoría de los países del mundo (entre ellos España), no se comercializa con ese nombre, sino con el propio de la ciudad, es decir, Kilkenny. Lo cierto es que tampoco saben igual. O eso o es que en Irlanda saben mejor.

Cómo teníamos tiempo nos tomamos la cerveza y unas patatas fritas con mil y una salsas diferentes y luego nos dimos un largo paseo por el pueblo y alrededores del castillo antes de continuar camino hacía nuestra segunda parada del día, una cita con la historia de la isla de Irlanda, algo así como el lugar de su origen espiritual.

El Casitllo de Kilkenny
Los jardines del castillo

La roca de Cashel.

Cashel está al lado de la autovía, por lo que visitarlo no supone un problema en el camino a Cork y merece mucho la pena, es un lugar precioso e imbuido de espíritu e historia irlandesas.

Sobre un promontorio se muestra el castillo o fortaleza de Cashel, lugar dónde se supone que San Patricio bautizó al tercer rey de Cashel, dando así comienzo a la etapa final de la evangelización de la isla. El lugar es impresionante.



Paseamos y disfrutamos del paisaje y sus alrededores y grabamos un vídeo que intenta reproducir la increíble paz que se respiraba en el lugar sólo turbada por los graznidos de los cuervos sobrevolando el lugar sagrado.





La Roca de Cashel




Tras un paseo y el disfrute del lugar continuamos camino, ya sin detenernos, hasta llegar a Cork. 

Esta es la segunda ciudad más poblada de la República de Irlanda, históricamente su ciudad industrializada y, hoy en día, una ciudad "en obras". Destaca por la presencia de algunas grandes empresas, como la farmacéutica Pfiezer o ser la sede europea de Apple. Además, su importante puerto, constituye la puerta de entrada y salida del comercio en el sur de Irlanda.

Como os decía toda la ciudad parecía estar en obras, lo cual constituyó un serio problema, ya que nuestro GPS no estaba tan actualizado, así que nos encontramos con el paso cortado.

Yo estaba agotado de conducir "por el lado correcto" que es mucho más complicado dentro de una gran ciudad que por carretera o autopista y me encontraba a unos pocos cientos de metros de nuestro Bead and Breakfast (B&B) y sin embargo no podía cruzar el rio.

En un arrebato muy impropio de mi, me lancé a cruzarlo por un puente que vi sin tráfico y cuando estaba a la altura de la mitad del puente.... ¡¡¡¡¡¡¡¡¡iiiiiiiiiiiiiiiiihhhhhhhhhhh!!!!!!!!!! ¡un montón de coches venían hacia nosotros!, ¡íbamos en dirección contraria!, así que hice lo único que se podía esperar de mí en aquel momento, oséa; gritar, maldecir y acelerar para terminar de cruzar el puente antes de que nos alcanzaran y en cuanto pude giré por otra calle... ¡¡¡¡¡que también estaba prohibida!!!!. ¡Madre mía!, os ahorraré más detalles, al final llegamos sanos, salvos y al borde de un ataque de nervios.

Se nos había hecho tarde, así que tras tomar posesión de nuestra habitación, y tras asistir a una delirante explicación de cómo debíamos abrir la puerta (qué tenía más cerraduras y combinaciones que la cripta del Banco de España) si llegábamos después de las once de la noche (y que evidentemente y como más tarde pudimos comprobar, no entendimos en absoluto) salimos a la calle a pasear y encontrar algún lugar dónde cenar, ¡qué hambre teníamos! y resulta que encontramos un sitio estupendo y muy, pero que muy recomendable para apaciguar nuestros estómagos y calmar nuestros nervios. Me refiero al Hotel River Lee, que cuenta con unas instalaciones muy modernas y agradables y un comedor precioso. La noche era horrible, estaba lloviendo, pero aún así algunos valientes fumadores permanecían en la terraza de que dispone a orillas del rio.

Hotel River Lee

Dimos cuenta de una hamburguesa, un salmón a la plancha y una maravillosa tabla de quesos típicos irlandeses, elaborados casi todos ellos con leche de vaca y de presencia suave y cremosa, aunque también había algún queso azul y alguno ahumado.


Y es que empezamos a comprender la auténtica esencia de la cocina irlandesa, se trata de platos sabrosos realizados de forma muy sencilla y con productos muy frescos.

Después de cenar caminamos de vuelta al B&B y a mitad de camino nos sorpredió una tromba de agua, afortunadamente estábamos a la altura de un típico pub en el que pudimos refugiarnos y disfrutar de una pinta de Murphy's, la cerveza típica de Cork (porque en Irlanda hay más cervezas negras que la Guinness), mientras escuchábamos a tres hombres tocar música tradicional irlandesa con la única iluminación que producían las brasas en una chimenea. Os dejo un vídeo del evento, os aviso de que no se ve muy bien, vamos, que casi no se ve nada, pero reproduce el ambiente y el sonido de aquel lugar.


Un final de jornada realmente agradable que ni siquiera empañó el hecho, por otra parte ya sospechado, de que no fuimos capaces de abrir la puerta, lo que provocó que más allá de la media noche, la dueña de la casa bajase coronada en rulos y envuelta en una bata rosa y nos echase la mirada más terrorífica que podáis imaginaros, por nuestra parte intentamos disculparnos diciendo que si la casa real británica conociese de la existencia de ese lugar seguramente le elegiría para custodiar las joyas de la corona, pues evidentemente, era mucho más inexpugnable que la Torre de Londres. ¡Dónde va a parar!.

No hubo manera, no volvió a sonreir.

Capitán Rábano

Gastronomía, ocio, viajes, nutrición y buena vida en el más amplio sentido

5 comentarios:

  1. Menudo viaje;¡y como me molan el castillo y los cuervos¡

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  2. Chicos de verdad que me habeis hecho pasar de todo, me he mojado, estresado hambrienta y quemas? menos mal que al final pillasteis la cama y yo tambien he descansado.
    Muy bien todo el reportaje y fotografias en especial los cuervos en esos castillos
    Raquel

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  3. Yo no sería capaz de conducir en esas condiciones, chico que susto cuando te diste cuenta en el puente que ivas en dirección contraría, seguro que pisaste a fondo el acelerador.
    Una admiradora

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  4. Si te hubieran aporreado los grises, en sus buenos tiempos, SI QUE SABRIAS LO PELIGROSO DE IR POR LA IZQUIERDA.
    Un anciano aburrido que fué medio acrata, por asco salió del P.C. y ni con la nariz tapada entraría en el SOE. A que parece una lápida.
    Un abrazo.

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